Acompañar a Anna y Adrià a dar una vuelta en bici es uno de los mejores momentos de este año. Verlos camino arriba playa abajo en tándem, con Duna tranquilamente mirando el paisaje, orejas al viento, fue de una exquisistez romántica digna de contar con ganas.
Me siento realmente contenta de poder haber estado ahí compartiendo estos momentos con ellos, y es que la boda prometía ser otro momento magnífico que no defraudó.
He visto amores que os alucinarían, y éste es uno de ellos.

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